El Día de Muertos es una de las celebraciones más emblemáticas y coloridas de México, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Esta tradición, con raíces prehispánicas y la influencia del catolicismo, honra a los difuntos a través de fiestas llenas de simbolismo y alegría.

Entre las prácticas más representativas están la elaboración de altares en casas y cementerios, adornados con flores de cempasúchil, velas, fotografías, calaveras de azúcar y los alimentos favoritos de los seres queridos. Las familias visitan las tumbas para limpiarlas y decorarlas, acompañando la celebración con música y comida.

En distintas regiones se observan tradiciones únicas:

  • En Pomuch, Campeche, se realiza el ritual maya Choo Ba’ak, que consiste en exhumar y limpiar los huesos de los difuntos tres años después de su muerte.
  • En Oaxaca y San Andrés Mixquic (CDMX), se llevan a cabo desfiles de Catrinas y la tradicional «Alumbrada» con velas en los cementerios.
  • En Yucatán, el Día de Muertos se celebra como Hanal Pixán (“comida para las almas”), con altares dedicados a niños y adultos, misas especiales y desfiles folclóricos.

La festividad también incluye eventos culturales como desfiles de alebrijes, exposiciones temáticas y conciertos que atraen a miles de visitantes interesados en vivir esta experiencia única y respetuosa con la memoria de los que han partido.

El Día de Muertos es una expresión profunda de la identidad mexicana, que invita a celebrar la vida y mantener viva la conexión con los ancestros a través del recuerdo festivo y simbólico.

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